Decálogo para el Urbanismo Sustentable. Principio 6: Agua

Decálogo para el Urbanismo Sustentable. Principio 6: Agua

El rol de los recursos naturales en el diseño y planificación de ciudades es indudable. Sin embargo, desde el punto de vista del desarrollo sustentable su rol es fundamental, en cuanto es necesario conciliar la mantención de tales recursos, su uso como mecanismo de producción y consumo, con  su restauración a niveles óptimos. Bajo dicha óptica, el uso, mantención y preservación del elemento agua es crítica. Por razones obvias, el agua es el elemento fundamental de la vida en el planeta, como por otras más complejas, que tienen que ver con la disponibilidad de agua dulce, niveles de contaminación del recurso ó el efecto que podría tener el fenómeno del calentamiento global. Por nombrar algunas cifras: menos del 0.7% del agua a nivel global es apta para el consumo humano, a nivel global el agua potable es cada vez un recurso más escaso (su escasez se ha triplicado en los últimos 50 años). A su vez, los métodos de producción, el aumento de población y las formas de vida requieren más agua. (Ver referencia)  

disponibilidad agua Chile

Fuente: MOP, Estrategia Nacional de Recursos Hídricos 2012-2015

Si bien la disponibilidad del recurso agua es crucial en la práctica de la planificación y el diseño urbano, ligado muchas veces a obras de ingeniería, la cercanía a ríos, lagos, mar y humedales es también motivo de preocupación desde el punto de vista de la seguridad. Más aún después de los desastres naturales de Chile (2010), New York (2012), Japón (2011) e Indonesia (2004), por nombrar algunos. La respuesta ante este tipo de fenómenos naturales es hoy un desafío para la Planificación Urbana. Las decisiones respecto a los usos propuestos para el borde costero, la infraestructura necesaria para disminuir el riesgo de inundación, así como el diseño de calles, manzanas y edificaciones resistentes a inundaciones, son elementos que no pueden ser minimizados al momento de intervenir y proponer soluciones para áreas urbanas.

En concreto, el manejo del agua de la ciudad ha estado históricamente ligado al proceso acelerado de urbanización y políticas de higienización en la transición hacia la ciudad moderna. Para el caso de Santiago, esto ha sido ampliamente desarrollado por distintos proyectos de investigación (destacando el siguiente artículo). La conceptualización más común desde el punto de vista técnico es ver el sistema tecnológico de manejo de aguas de dos visiones: como macrosistema tecnológico que por una lado mediatiza la relación entre ciudad y naturaleza, y por otro se constituye en el medio en el que el individuo convive con los sistemas tecnológicos, utilizando el Ciclo Urbano del Agua (Marsalek et al, 2008) que básicamente plantea la interacción entre lo hidrológico y la infraestructura hidráulica urbana de manera integrada; y la segunda desde la obtención de la máxima eficacia de los objetos y dispositivos técnicos en la vivienda, referida ésta al enfoque de ahorro de agua por su orientación al manejo de la demanda (Novotni et al, 2010), que incluye la mejora en la eficiencia del uso del agua mediante dispositivos y la mejora de la eficiencia física de la red de distribución; el reuso de agua tratada y tecnificación de sistemas de riego; la sustitución de estrategias de manejo de paisaje y áreas verdes dando prioridad a las de menor demanda de agua; procesos industriales de menor demanda de agua y que preferentemente reutilicen agua tratada (Daigger, 2012).

Tales posiciones teóricas encuentran su sentido bajo el concepto de la sustentabilidad: un macrosistema que emplea tecnologías ecológicamente racionales cuyos fines pragmáticos son válidos siempre y cuando reconozcan e integren fines vitales relacionados con el concepto de sustentabilidad: la integración de componentes sociales, económicos y medioambientales. En ese sentido, la gestión sustentable del agua en áreas urbanas podría definirse desde tales ámbitos: “económicamente, los organismos municipales operadores de agua deben ser financieramente estables, capaces de mantener la infraestructura hidráulica urbana, y de impactar en los análisis económicos del sistema, los recursos y la energía que se consume por el uso del agua; ambientalmente el abastecimiento del agua debe ser localmente sustentable energéticamente neutro y de proveer flujos ambientales que restauren y/o preserven los cuerpos de agua de la ciudad; socialmente, deben proporcionar agua limpia y saneamiento adecuado para todos los habitantes, minimizando y adaptándose a los impactos del cambio climático global.” (Cita).

Para el caso chileno, tanto la variable técnica del manejo de agua urbana como la preocupación por disminuir el riesgo ante desastres naturales, han sido los elementos más críticos en la implementación de una política de manejo de agua sustentable para nuestro territorio. Con respecto al primer punto, los IPTs disponibles son limitados en su acción. Por ejemplo, en el caso del manejo de agua lluvia, particularmente para el caso de la ciudad de Santiago, ha sido un problema permanente, que no ha sido abordado por la legislación actual: “Nos hemos preocupado de pavimentar la ciudad y no de la filtración de agua. Cada día tenemos menos suelo libre y más asfalto y no hemos desarrollado un plan amplio que solucione esta situación” (Jonás Figueroa, ver texto completo aquí). La acelerada expansión de la ciudad y la escasa infraestructura disponible en su periferia, se han conjugado para llevar los sistemas de captación de agua a su límite.

75935

Fuente: http://www.nevasport.com/fotos/buzon/75935.jpg

En relación al segundo punto, referido al manejo del riesgo de desastres naturales, lentamente la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones ha incorporado regulación específica para el manejo de riesgos, particularmente en el instrumento Plan Regulador Comunal, a través del Estudio de Riesgos y de Protección Ambiental, que define áreas de restricción y condiciones. Tales Áreas de Riesgo son definidas como “territorios en los cuales, previo estudio fundado, se limite determinado tipo de construcciones por razones de seguridad contra desastres naturales u otros semejantes, que requieran para su utilización la incorporación de obras de ingeniería o de otra índole suficientes para subsanar o mitigar tales efectos.”

A su vez, desde el 2011 se ha llevado una rápida actualización de los mapas de inundaciones para la mayoría de las áreas pobladas del país, llevado a cabo por el Servicio Hidrográfico y Oceanográfico de la Armada (SHOA). Al analizar estos mapas, es evidente que la regulación previa al 2011

Finalmente, y a nivel territorial, el MOP lanzó el 2013 la primera “Estrategia Nacional de Recursos Hídricos 2012-2015”,  (Descargar aquí) centrada en cinco puntos:

1. Gestión eficiente y sustentable

2. Mejorar la institucionalidad

3. Enfrentar la escasez

4. Equidad social

5. Ciudadanía informada.

Este momento de inflexión en la relación agua-planificación presenta un alto potencial para explorar formas innovadores para combinar estrategias de diseño que incorporen nuevas demandas por acceder a un recurso de manera eficiente, segura y capaz de regenerar sus propiedades para asegurar la disponibilidad del recurso para generaciones futuras. En economías avanzadas se han acuñado los términos de Low-Impact Development (LID) (EEUU), Water-Sensitive Urban Design (WSUD) (Australia),  y Sustainable Urban Drainage Systems (SUDS) (Reino Unido). Todos ellos refieren a la idea de un Desarrollo Urbano de “Bajo Impacto”, que incorpore el cuidado y manejo sustentable del agua como objetivo principal, a través de una integración del ciclo del agua urbana -que incluye: agua lluvia, aguas subterráneas, tratamiento de agua residual y el suministro de agua- en el diseño urbano para minimizar el daño medioambiental y mejorar las características estéticas y recreativas de dicho recurso. Esta nueva conceptualización busca una mayor integración entre las disciplinas de la ingeniería y diseño urbano en pos de la realización de una infraestructura urbana blanda, basada en sistemas orgánicos para el tratamiento y reciclaje del agua urbana.

Fuente: http://www.thenatureofcities.com/wp-content/uploads/2014/01/LID-2B-630×324.jpg

Referencias

Novotny, V. Ahern, J. Brown, P. (2010). Water demand and conservation. En Novotny, V. Ahern, J. Brown, P. (Editores). “Water Centric Sustainable Communities, planning, retrofitting, and building the next urban environment”. (Pp. 228-271). John Wiley &Sons, Inc., Hoboken, New Jersey.

Marsalek, J. et al. (2008). “Urban water cycle processes and interactions”. The United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization and Taylor & Francis, Paris, France.

Daigger, G.T. (2012). Designing and implementing urban water and resource management systems wich recover water, energy, and nutrients. En Lazarova, V. Choo, K. Cornel, P. (Editores). “Water-Energy Interactions in Water Reuse”. (Pp. 3-19). IWA Publishing, London UK.

Juan Pablo Blanco
About Juan Pablo Blanco

Arquitecto UC y Magíster en Arquitectura UC. PhD University of Melbourne. More Posts

Leave a comment