Derecho de propiedad y “casas okupas”: Relación con el desarrollo urbano, social y cultural.

Derecho de propiedad y “casas okupas”: Relación con el desarrollo urbano, social y cultural.

Al recorrer ciertos barrios emblemáticos de Santiago, es muy común descubrir enormes caserones que pertenecieron a sectores acomodados de la sociedad y que producto del desarrollo y distribución urbana, han quedado abandonados a merced del deterioro arquitectónico. Por lo general éstos inmuebles pertenecen a sucesiones que no se han terminado de tramitar, a personas naturales que no se interesan en ellos o que se encuentran en el extranjero, en muchos casos, sin siquiera saber que han sido llamados como herederos de uno de éstos inmuebles, etc., quedando de ésta forma abandonados o sin un propietario presente e interesado de su conservación.

En este contexto, se han dado casos, en que grupos  de personas realizan una ocupación de éstos inmuebles con diversos fines: integración social, desarrollo cultural, defensa del medio ambiente u otros. El “movimiento okupa” nace en Gran Bretaña a fines de los años sesenta, bajo la influencia de grupos hippies y punks, corresponde a un movimiento social de carácter político que consiste en dar uso a terrenos desocupados o edificios abandonados, que en un principio, tuvo como fin denunciar las dificultades de acceso a una vivienda y que actualmente se caracteriza por ser un medio de ocupación de espacios urbanos con fines sociales.

Esta realidad genera conflictos jurídicos, ya que se vulnera el derecho de dominio y la titularidad del Estado sobre algunos de éstos inmuebles. Para el derecho chileno, sólo se es dueño de una cosa que se ocupa cuando no pertenece a nadie, figura que nunca se verificará con un inmueble, debido a que el art. 590 del Código Civil señala que: “Son bienes del Estado todas las tierras que, estando situadas dentro de los límites territoriales, carecen de otro dueño”.

En Santiago han existido “casas okupas” emblemáticas, como la panadería del paradero 4 de Vicuña Mackenna, denominada “la marraqueta”, “okupa punk” en que se desarrollaban actividades musicales y artesanales, esta ocupación duró alrededor de un año y fue desalojada por la fuerza pública el año 2004, la “casa okupa Aki” ubicada en República # 550 que tuvo como objeto principal la enseñanza a personas sin acceso a la cultura y las artes y que fue desalojada el año 2009, entre otras.

Los “grupos okupas” con fines sociales y/o culturales buscan empoderarse del espacio urbano, en la mayoría de los casos las reglas son las mismas, se comienza con un proceso de restauración del inmueble, se reconstruye la historia del lugar y se crea una identidad de grupo, se abren los espacios para los vecinos, se ofrece la realización de talleres y cursos gratuitos o con aportes voluntarios y se opta por instaurar una ley seca dentro de la “okupa”, de esta forma la ocupación se transforma en un espacio de esparcimiento y gestión cultural que va en beneficio principal de los vecinos y personas interesadas en desarrollar alguna actividad o arte.

Es cierto que no todas las “casas okupas” buscan el desarrollo de la comunidad, pero todas siguen la misma suerte. La ocupación de un inmueble, se asimila al delito de usurpación de inmuebles tipificado en los artículos 457 y siguientes del Código Penal, lo que conlleva a un eventual desalojo, sin perjuicio de esto, es evidente que si un espacio no está siendo utilizado y se encuentra ante un eventual deterioro, es más útil para la comunidad que se transforme en un espacio común de desarrollo social, el problema es cómo generar la integración de estos lugares sin afectar el derecho de propiedad.

Existen algunas soluciones, cuando se conoce a los dueños del inmueble, es posible negociar con ellos para cuidar y reparar el inmueble, a cambio de la ocupación pacífica del lugar por un tiempo determinado, por otro lado cuando los inmuebles han sido adquiridos por el Estado en virtud del artículo 590 del Código Civil, se puede constituir un contrato de comodato con la autoridad, que consiste en que una de las partes, en este caso el Estado, entrega a la otra gratuitamente una especie raíz, para que haga uso de ella y con cargo de restituir el mismo inmueble después de terminado su uso, esta figura la utilizó el Gran Circo Teatro en la casona que ocupan para sus actividades ubicada en República # 301.

Ninguna de estas soluciones es efectiva, ya que es muy difícil obtener el consentimiento del dueño del inmueble y no siempre los “grupos okupas” logran la organización suficiente para poder celebrar un contrato de comodato. La integración urbana y la reutilización de los espacios es una necesidad, cada vez más frecuente en una ciudad tan agobiante como Santiago y se deberían generar a nivel municipal diferentes sistemas que resuelvan este problema, quizás las “casas okupas” no son la solución, pero si es una alternativa que actualmente existe y que naturalmente se ha generado y que cuando tiene buenos resultados no puede ser el desalojo la respuesta de la autoridad.

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Gustavo Arellano
About Gustavo Arellano

Abogado de la Universidad de Chile. Se ha desempeñado principalmente en ámbitos relacionados con el Derecho Ambiental. More Posts

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