El miedo construye muros

El miedo construye muros

El pensamiento dicotómico nos hace categorizar todo en términos opuestos y generalmente refuerza ideas negativas, sean o no reales.  En este sentido, los prejuicios y estereotipos generan estigmas hacia las personas o grupos de personas, de acuerdo a lo que como sociedad social consideramos “normal” o “anormal”.  Zygmunt Bauman señala que la modernidad ha generado una tensión entre la mixofobia (el temor a mezclarse con otros) y la mixofilia (la necesidad o deseo de interacción con lo diferente).

 Si bien ambos procesos están siempre presentes, parece ser que la mixofobia ha sido capaz de plasmarse en el plano material.  En este sentido, la ciudad da cuenta de la segregación a través de lo evidente: muros y rejas se transforman en el símbolo de esta separación tanto física como social reforzando así la idea de la peligrosidad que existe en esta mezcla con los “otros”.  Barrios en los cuales ya no es suficiente la reja, sino además busca instalar muros alrededor de las villas o poblaciones y encerrarlas por completo.  La seguridad es la justificación de esta práctica que genera ciudades segregadas y ciudadanos temerosos, pues, todo aquello que está fuera de los límites de nuestra seguridad se constituye como una amenaza.

 Los artefactos de seguridad, rejas, muros, alarmas, incluso cámaras modifican la vida y las prácticas de las personas.  Es frecuente escuchar que a las personas manifestar la sensación de encierro y temor en sus propios hogares.  Cuestión que además genera espacios públicos desaprovechados por la ciudadanía, espacios (plazas, parques), donde en teoría se favorece la mixofilia.

 Según Bauman, ambas tendencias (mixofobia y mixofilia) coexisten y nuestro deber es “contribuir a alterar sus proporciones: hacer algo para incrementar la mixofilia y reducir la mixofobia”.   La tarea que nos demanda el filósofo no es fácil, pues quien sabe algo respecto a prejuicios y estereotipos al menos sabrá que una cosa es cierta: son muy difíciles de cambiar.  Por una parte exigimos al Estado continuar esta lógica de fragmentación territorial y, por otra, desencadenamos un proceso que lentamente desplaza a la seguridad como un bien común, hacia lo que cada día parece más un bien de consumo, un privilegio sólo para quienes pueden acceder a él.  Pero la tentación es grande pues, el mercado de la seguridad nos entrega algo que como seres humanos siempre anhelamos: control.  Creemos que, mediante los artefactos, podemos, de una u otra forma controlar el riesgo.  Pero el aislamiento que produce la fantasía del control de nuestra seguridad es fatal: hemos dejado de confiar en nuestros propios vecinos, la vida de barrio es cada vez más precaria y en vez de fortalecer los lazos comunitarios que, comprobado está, sirve de base para estrategias efectivas de prevención comunitaria, hemos optado por el camino que ya conocemos: desconfiar y asegurarnos.

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Christine Bailey
About Christine Bailey

Socióloga Universidad de Playa Ancha, Magíster en Políticas Públicas, University of Sydney, 2012. Se ha desempeñado principalmente en temas de seguridad ciudadana en el sector público. Temas: seguridad ciudadana, desarrollo humano, género. More Posts

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