Decálogo para el Urbanismo Sustentable*. Principio 1: Iluminación urbana

Decálogo para el Urbanismo Sustentable*. Principio 1: Iluminación urbana

* El siguiente artículo es parte de una serie de columnas dedicadas a entregar una visión comprehensiva de la sustentabilidad y su estado de aplicación a la escala urbana, campo de gran relevancia actual el país. No es, bajo ningún concepto, una revisión exhaustiva ni trata de definir el concepto de “sustentabilidad urbana”. Se trata más bien de post informativo acerca de qué considerar cuando hablamos de ciudades sustentables y cómo podríamos avanzar hacia dicho modelo.

El diseño de iluminación juega un rol fundamental en la manera cómo percibimos nuestras ciudades. No sólo incide en la percepción de seguridad del espacio público, sino que tiene la capacidad de poner en valor aquéllos elementos que le dan carácter y representación al espacio urbano, como por ejemplo piezas patrimoniales o áreas de encuentro. En un nivel más instrumental, también es uno de los elementos más relevantes por el cual se puede reducir el gasto energético en iluminación pública. Esto cobra especial relevancia cuando hablamos de generar entornos urbanos más sustentables, por lo que es también clave para la planificación y el diseño de nuestras ciudades.

Cuando temas tan específicos como el diseño de iluminación se intentan de incorporar a los instrumentos de regulación del espacio urbano en Chile, se hace evidente la limitación de tales instrumentos, en cuanto funcionan bajo una lógica “normativa-restrictiva”, y no como herramientas eficaces de planificación. Dicha anomalía es aún más crítica cuando intentamos incorporar criterios asociados del Desarrollo Urbano Sustentable, que requieren de una visión integradora entre los distintos elementos que componen el espacio público. Específicamente en el ámbito de la iluminación, la escasa regulación existente a nivel nacional replica la visión normalista, actuando como mera recomendación de niveles de iluminancia mínimos para ciertos usos edificatorios, dejando de lado la escala urbana, en donde es necesario definir cuáles son nuestros objetivos lumínicos para el espacio público en nuestras ciudades. A pesar de ello, experiencias como la regulación que busca preservar la condición de observatorio natural en la cuarta región son importantes avances hacia dichos objetivos (en referencia a la imagen inicial del artículo, correspondiente a la red de telescopios ALMA).

Habría que partir por aclarar que un buen diseño de iluminación se define por su propósito. Entonces, en la ciudad, un buen diseño será aquél que ponga en valor aquéllos elementos que le dan carácter; debe entonces contribuir a aumentar la habitabilidad de la ciudad de noche y promover la participación y apropiación ciudadana en su espacio de uso común, aspecto relacionado con la percepción de seguridad. Si bien ambos son aspectos comúnmente asociados con la noción de “espacio urbano sustentable”, es necesario también incluir el efecto de la iluminación urbana en el medio ambiente para empezar a manejar conceptos de sustentabilidad urbana integradores. Al respecto, no considerar dicho efecto lleva a la generación del llamado fenómeno de “contaminación lumínica”, o exceso de intensidad lumínica para actividades nocturnas debido al diseño escasamente planificado de iluminación pública o publicitaria, disminuyendo la visibilidad del cielo nocturno y aumentando innecesariamente el consumo energético en áreas urbanas. Por eso, en países como Estados Unidos se premian proyectos que ayudan a disminuir los efectos nocivos de dicha contaminación.

Ejemplo de “contaminación lumínica” en Chile

Volviendo sobre la percepción de seguridad urbana, el ámbito comúnmente asociado a iniciativas relacionadas con iluminación públicas, en Chile ha sido posible establecer un vínculo positivo entre iluminación nocturna y prevención de delitos, particularmente en sectores segregados y marginales. Sin embargo, de igual manera con consideraciones respecto al medioambiente, es necesario entender que esto no depende sólo de la iluminación; sino que es un fenómeno multisectorial. En otras palabras, el arraigo de una comunidad con su entorno o las características físicas de la calle, son aspectos igual de relevantes como la luminaria nocturna. Por ende, y como toda solución tipo “receta”, una reducción simplista de un problema a un solo factor, es necesario poner énfasis en conocer la realidad local de cada entorno, para generar estrategias de iluminación preventiva adecuadas.

Existen países donde la confluencia de una industria de la construcción madura junto con centros de investigación y desarrollo especializados en el área han contribuido al desarrollo de un diseño de iluminación de alta calidad. Países como Alemania o Suecia cuentan con altos estándares de eficiencia energética que los obligan a innovar en tecnologías y métodos de iluminación altamente sofisticados. Junto con ello incorporan la visión más amplia de la sustentabilidad, en donde todo el ciclo de vida de un producto de iluminación es cuidadosamente diseñado para alargar su vida útil, lo que en palabras de Braungart y McDonough se denomina “Cradle to Cradle” (de cuna a cuna).  Países con menor disponibilidad de luz natural, como países nórdicos, han estado obligados a optimizar su recursos lumínico en pos de una mejor calidad urbana. Optimizar, para ellos, significa priorizar qué y cuánto se ilumina, una decisión que debe plasmarse entonces en la planificación de su entorno urbano.

Como se mencionó previamente, una buena iluminación está referida a los usos que se pretenden realizar en un recinto, para lo cual existen estándares definidos. Sin embargo, en la ciudad el problema es más complejo, sus usos son múltiples y muchas veces imprevistos. Una buena iluminación, entonces, debería hacer un ejercicio consciente respecto de cuáles elementos son necesarios de destacar, contribuyendo así a construir la imagen del espacio urbano nocturno. El actual exceso de iluminación derivado de publicidad nocturna en nuestras ciudades nos impide muchas veces reconocer nuestro patrimonio y aquéllos lugares que pueden acoger la vida en comunidad.

Actualmente, nuestro país se encuentra en una situación expectante en relación al diseño de iluminación y planificación urbana. Existe por primera vez un documento que aspira a orientar el diseño de ciudades más sustentables, la nueva Política Nacional de Desarrollo Urbano, así como iniciativas enfocadas en aumentar los estándares de calidad de la industria de la construcción. Además, por primera vez se esta llevando a cabo un estudio sistemático de las deficiencias de alumbrado público a nivel país, con el objetivo de disminuir el gasto energético de dicho elemento urbano (al respecto, revisar el “Proyecto de Mejoramiento de eficiencia energética del Alumbrado Público“, liderado por el Programa país de Eficiencia Energética).

Para concluir, es evidente que en Chile nuestros instrumentos de regulación y planificación urbana tienen serias limitaciones, ya que es mínimo el conocimiento disciplinar que éstos informan en temas tan cruciales como la eficiencia energética y su relación no sólo con su elección tecnológica que la sustenta, sino con las estrategias de diseño que pueden ayudar a reducir dicho gasto. Es necesario, entonces, entender estos instrumentos desde un punto de vista estratégico: necesitamos abandonar su actual carácter restrictivo-normativo para avanzar hacia una visión integradora que oriente las acciones sobre el territorio. Sin dicha visión, las aspiraciones y metas que vienen asociadas a los criterios de desarrollo urbano sustentable no serán posibles de implementar y monitorear.

 

Creative Commons License
Decálogo para el Urbanismo Sustentable*. Principio 1: Iluminación urbana is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial 3.0 Unported
Juan Pablo Blanco
About Juan Pablo Blanco

Arquitecto UC y Magíster en Arquitectura UC. PhD University of Melbourne. More Posts

Leave a comment