Patrimonio y desarrollo

Patrimonio y desarrollo

Con el incendio de la Iglesia San Francisco en Valparaíso, resurge nuevamente la pregunta de cuál es el valor que le otorgamos a nuestro patrimonio construido. Mucha gente se ha tomado las redes sociales para despotricar como una inconmensurable despilfarro de recursos públicos los dineros invertidos en salvar parte de nuestro patrimonio arquitectónico, argumentando que con esos dineros se puede tratar a varios niños con cáncer o se puede resolver el caso de varios ancianos en situación de abandono o calle.  La pregunta radica no en la validez de sus demandas, sino en el valor que efectivamente nosotros como ciudadanos le damos al patrimonio.

Nos encontramos en un punto en que parece que al fin comenzamos a dar el paso al tan ansiado “desarrollo” un paso que nos cuesta entender y conducir. Los ciudadanos se vuelcan a las calles en proclama de temas ya no de cantidad o cobertura, sino de calidad y perspectiva. En este marco, parece que los temas de ciudad aún no encuentran sintonía real en la ciudadanía. Se lucha por mejores sueldos, mejores condiciones laborales, mejor educación, mejor salud, pero extrañamente,  muy poco sucede por entender que muchos de estos problemas encuentran su origen desde una perspectiva territorial, de segregación, de centralización, de falta de planificación, etc, donde la ciudad toma un rol protagónico, sin embargo que pasa desapercibido.

El tema de ciudad y calidad de vida no ha logrado conectar y encontrarse con la ciudadanía. La ciudadanía parece manifestarse como primer atisbo del comienzo del paso al desarrollo, pero aún no vincula a la ciudad con este problema. Lo ve como mero escenario de su vida, pero no como un factor activo de los mismos.

Quizás este desapego con los temas de ciudad ha sucedido por la poca experiencia que tiene el ciudadano común con espacios urbanos de calidad. El vivir en una ciudad de calidad hace apreciar el valor o la incidencia que tiene en la calidad de vida del ciudadano medio, y justamente muchos de estos espacios urbanos de calidad, son parte de lo que denominamos como patrimonio arquitectónico, momentos singulares de la ciudad que tenemos que nos acercan a entender, que la calidad de nuestro medio construido, es principal recurso para tener una buena calidad vida como sociedad y que este no sólo está ahí para ser habitado, sino para hacernos vivir mejor, y no tiene otro final que hacernos a la larga mejores ciudadanos, y mejores ciudadanos construyen finalmente mejores ciudades.

Es aquí donde la ley 17.288 de Monumentos Nacionales, parece no haber logrado su cometido, he aquí la importancia de la creación del nuevo ministerio de cultura que entiende a mi parecer, que la protección del patrimonio es la forma más directa y real de construir cultura, es la prueba fehaciente de quiénes fuimos, somos y de quienes queremos ser. Así el patrimonio de una u otra forma nos educa y construye cultura, quizás su valorización por parte de la ciudadanía sea el primer real paso para pensar que estamos al fin ad portas al desarrollo.

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Piero Mangiamarchi
About Piero Mangiamarchi

Arquitecto y Magíster en Arquitectura PUC Chile. Socio fundador de 3370 Studio, oficina de investigación aplicada a arquitectura y diseño, se ha desempeñado principalmente en ámbitos relacionados a la arquitectura y producción cultural. Temas: Patrimonio, políticas e Institucionalidad, desarrollo urbano y cultural. More Posts

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