Crecimiento y desarrollo: El patrimonio como educador del nuevo consumidor urbano.

Crecimiento y desarrollo: El patrimonio como educador del nuevo consumidor urbano.

Hace un par de días apareció en la prensa escrita otro ejemplo del empoderamiento ciudadano, tal cual lo hicieron los habitantes del Barrio Yungay para declarar su barrio como Zona Típica, esta vez fueron los habitantes de los barrios Arauco, Nueva San Eugenio I, Nueva San Eugenio II, Pedro Montt y Yarur, barrios aledaños al Parque O´Higgins y el Club Hípico, con el fin de lograr justamente lo contrario, la NO declaración de Zona Típica por parte del Consejo de Monumentos Nacionales a su sector que ya actualmente posee el título de “zona de conservación histórica”.

Estos barrios que no quieren ser zona típica encuentran su razón en la actual ley de monumentos  nacionales, ya que sus residentes consideran que el avalúo comercial de sus propiedades bajaría, sin entender en que en gran parte de los casos es justamente esta condición lo que realmente le da valor y plusvalía a sus propiedades.

Un inmueble como tal encuentra su  valor en dos condiciones, en su locación y en su entorno, son estos dos los factores  que inciden en el valor otorgado por la gente y es esta en base a este valor otorgado es el precio que finalmente le dan sus residentes.  Ahora bien, si las características que le dan valor a un barrio son destruidas por el insensible desarrollo inmobiliario practicado comúnmente en Chile, lo lógico es pensar que ese barrio se tornará menos atractivo, teniendo como consecuencia un desplome en su valor y por lo tanto en su precio. Sin embargo en la actualidad sucede un fenómeno bastante extraño, el desarrollo inmobiliario a través de la especulación inmobiliaria se las ha arreglado para subir el precio de algo que cada vez vale menos.

¿Cómo podemos explicar este fenómeno? Esta condición se explica en la base de una sociedad inmersa en la economía de mercado,  donde el dinero tiene la capacidad de crear valor por sí mismo, donde el dinero no es más un medio, sino un fin, producto de un mal entendimiento que tiene aún gran parte de la ciudadanía entre crecimiento y desarrollo. El crecimiento produce empleo, dinero, movilidad social, pero a su vez produce contaminación, desigualdad, segregación, una ciudad muchas veces poco amigable. El desarrollo sin embargo, produce mejor calidad de vida, más y mejores oportunidades, movilidad social, desarrollo cultural y mejores ciudades. Sin embargo parte de nuestra sociedad entiende y demanda hacer hincapié en esta diferencia, que se ha visto reflejada en comunas como Ñuñoa y Providencia que han decidido reducir las altura máximas permitidas, por peticiones de sus propios vecinos con el fin de evitar una sobresaturación  de su carga ocupacional y que termine menguando la calidad de vida que se lleva en ellas.

Sin embargo, no podemos esperar que la ciudad se congele, el crecimiento es necesario, sobre todo si está bien orientado hacia una perspectiva de desarrollo. El problema radica que el mercado inmobiliario está orientado al crecimiento por crecimiento, que no hace más que destruir la calidad urbana de barrios completos dentro de nuestra ciudad. A pesar de esto cabe recordar que sólo la mitad de la responsabilidad radica en los promotores inmobiliarios, la otra mitad de la responsabilidad radica en la ciudadanía y que en su mayoría debido a la altísima segregación que presentan nuestras ciudades (sobre todo Santiago) no han tenido la oportunidad de experimentar espacios urbanos de buena calidad, y que por ende produce “analfabetos urbanos”, que no saben que exigir de la oferta inmobiliaria y que no entienden que muchos de sus demandas sociales encuentran su principio en la calidad de ciudad que nos ofrecen los promotores.

La respuesta a este problema encuentra solución en las mismas bases de una economía de libre mercado, en crear y educar a un nuevo tipo de consumidor, un CONSUMIDOR URBANO, un consumidor de ciudad. Y ¿cómo hacerlo?, a través de la exposición directa a espacios de reconocido valor que poseemos en la misma ciudad y que es su mayoría corresponde a zonas e inmuebles de carácter patrimonial, donde el patrimonio se transforma en el educador del nuevo consumidor urbano, donde piezas urbanas de excelente calidad, le muestran a la ciudadanía  que puede demandar de la oferta propuesta por los promotores, para así cambiar de una vez por todas el paradigma del crecimiento por el de desarrollo urbano.

Así, educar a la ciudadanía en cuanto a la importancia del entorno construido  y sus implicancias en las más  amplias dimensiones se torna fundamental para que la gente comprenda el valor del rol que tiene la planificación territorial y sobre todo la salvaguarda del patrimonio en su calidad de vida.

Un voto para un día del patrimonio no dos veces al año, sino; una vez al mes.

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Piero Mangiamarchi
About Piero Mangiamarchi

Arquitecto y Magíster en Arquitectura PUC Chile. Socio fundador de 3370 Studio, oficina de investigación aplicada a arquitectura y diseño, se ha desempeñado principalmente en ámbitos relacionados a la arquitectura y producción cultural. Temas: Patrimonio, políticas e Institucionalidad, desarrollo urbano y cultural. More Posts

1 Comment to “Crecimiento y desarrollo: El patrimonio como educador del nuevo consumidor urbano.”

  1. Es totalmete cierto lo que dices, pero los ejemplos citados como “buen entender urbano”, Ñuñoa y Providencia ya pasaron por lo que estan recien comenzando a experimentar las comunas/barrios citados, mas aun los lugares en donde los vecinos deciden exigir una declaratoria de conservacion es por que alrededor de estos barrios existe una alta demanda de suelo/vivienda , en cambio en los barrios nombrados esta alta demanda aun no existe, por lo tanto el “querer habitar (como acto de vivir en ciudad) y demandar estos espacios aun no aparece, la declaratoria de zona patrimonial mataria estos barrios antes de que incluso pasen a tener algun valor, esto siendo muy objetivo, (yo tambien creo que el patrimonio urbano es importante para la mantencion de una identidad)pero es cierto y no se puede negar ni demostrar lo contrario; en los barrios citados SE ESTA MATANDO el valor de las propiedades pues es un hecho que en 9 de cada 10 edificios declarado patrimonio su valor comercial baja notablemente y mas aun si el acto de declarar un patrimonio se da antes de que si quiera llegue a ser deseable como zona para habitar. Finalmete creo que el poner como contraposicion a un acto de “ignorancia urbana” el deseo y sapiencia de comunas altamente desarrolladas es un error al momento de querer demostrar la necesidad de la proteccion de nuestro patrimonio, y es simplemente por que estos ejemplos estan en extremos opuestos de su desarrollo urbano y ademas es tan simple como pensar objetivamente ; una casa en zona patrimonial de Providencia con 4 lineas de metro que la rodean, 5 clinicas y otros que la hacen muy deseable antes de la declaratoria valia UF5000 y despues UF6000, esto comparado con una casa en zona patrimonial sin movilizacion cerca sin servicios, con una carcel y otros vecinos indeseables (no se si es muy atractivo actualmente vivir en una zona donde en cada evento tu no puedes cerrar un ojo por el ruido) esa casa que antes valia UF2000 despues de la declaratoria valdra UF1500 y esto es INEGABLE, por que el valor del patrimonio sigue siendo un valor, pero lo que nos negamos a entender los arquitectos “patrimonialistas” mas alla de todo es que todo tiene un valor y ese valor tiene un numero, mas aun para quienes estos numeros no son favorables, asi que por que no en vez de proponer barrios patrimoniales a diestra y siniestra se crean politicas que le den valor a esos barrios para que la gente quiera habitarlos y protegerlos? …porque generar un resultado para una autoridad siempre es mas efectivo con una imposicion que con una proposicion…ademas es mas BARATO.

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